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Arranques

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A veces creo que estoy loca. En mis arranques de ira, por ejemplo. Después de un rato, ya no sé por qué estoy enojada, así que devano mis sesos en busca de nuevos motivos. Quiero seguir enojada. ¿Por qué?

A veces no sé ni qué estoy haciendo ni qué quiero ni quién soy. A veces me olvido de mí. Quizá por eso me enojo. Me recuerdo (¡ah, sí! ahí estabas) y me enojo porque, ¿qué clase de persona se olvida de sí misma?

A veces dudo de mi talento. ¿Para qué chingados escribo? ¿Por qué continúo con esta farsa, día tras día, toda mi vida? No puedo parar y a la vez, siento que no avanzo. Como esos sueños en los que corro y corro y corro, pero una fuerza invisible me mantiene en el mismo lugar.

A veces creo que soy muy joven. Después me veo en el espejo y las ojeras me desmienten. Las primeras canas, incluyendo una en la ceja derecha. Las arrugas que empiezan a asomarse. ¡Me vale madres!, digo. ¡No me voy a pintar el pelo! ¡No me voy a poner bótox! Pero un día, me desespero y con unas pinzas, arranco la cana de mi ceja derecha. Otro, leo que el bloqueador es la única crema anti-edad que funciona y salgo a la tienda, con pasos agigantados, para comprar uno.

A veces me siento muy sola y pienso que a nadie le importo. Me pongo a llorar porque no tengo vida social, me la paso encerrada. Un día, me invita alguien a desayunar, por unas chelas, a un festejo. Invento algo, digo que no puedo. Prefiero quedarme a leer en la casa.

A veces creo que estoy loca. Tal vez nos pasa a todos. Que levante la mano el normal.

Libros favoritos del 2018

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El año pasado fue uno especial en cuanto a lecturas. Decidí hacer un experimento: leer sólo a mujeres. Parte de esas lecturas las reseñé aquí, pero después me faltaron las horas del día y dejé de escribir en ese blog. Fue una gran experiencia, que me abrió mucho el panorama. Me considero una lectora ávida, pero en mi librero predominaban los hombres; este año le sumé muchas escritoras y una mayor variedad de temas. Sin más choro, enlisto mis consentidos del 2018.

Rebecca Solnit, A Field Guide to Getting Lost

En esta serie de ensayos, Solnit (activista, escritora, mujer maravillosa… soy su fan) escribe sobre las diferentes maneras de perder: perderse en un lugar, perder una cultura tras adoptar otra, perder una pareja, la pérdida de especies en el planeta… Los temas son variados, pero están unidos por un hilo conductor, y tras dejarme llevar, sentí como si paseara por un bosque muy amplio, con Solnit como guía.

Chimamanda Ngozi Adichie, We Should All Be Feminists y Dear Ijeawele, Or A Feminist Manifesto in Fifteen Suggestions

Esta novelista, ensayista y cuentista nigeriana no sólo describe las dificultades a las cuales nos enfrentamos las mujeres en un mundo desigual, sino también aquellas que le imponemos a los hombres. Además, su estilo es ameno y me hizo reír varias veces (por ejemplo, cuando escribe que cocinar no es una habilidad que venga preinstalada en una vagina). Ambos libros me parecen buenísimos. El primero es un ensayo adaptado de una conferencia de TedX y el segundo, una carta que le escribe Adichie a una querida amiga, quien le pidió sugerencias para educar a su hija como feminista.

Brit Bennett, The Mothers

Esta novela sigue a tres personajes, Nadia, Luke y Aubrey, unidos por lazos fuertes pero complejos — no quiero echar a perder la trama, mejor así lo dejamos. Bennett trata muchos temas en esta novela: la amistad entre mujeres, el peso que puede tener un secreto en una relación amorosa (llámese matrimonio o amistad), la relación entre padres e hijas, el duelo, los miedos y rencores que una madre puede dejarle a su hija como herencia… Me divirtió y me conmovió.

Hannah Tinti, The Twelve Lives of Samuel Hawley

El Samuel Hawley del título es un mal tipo: tiene bastante sangre en sus manos y ha puesto en riesgo a su familia. Pero vaya que intenta ser un buen padre. Se muda con su hija, Loo, a un pueblo costero, donde trabaja como pescador con la idea de tener una vida más estable, más “normal”. Pero conforme Loo crece, siente más y más curiosidad: las explicaciones que él le ha dado sobre la muerte de su madre, Lily, dejan de tener sentido para ella, así que empieza a escarbar para encontrar la verdad. A pesar de la violencia y la sangre que hay en esta historia, el amor entre este par de analfabetas emocionales, padre e hija, me conmovió muchísimo.

Mariana Enriquez, Las cosas que perdimos en el fuego

Debajo de estos doce cuentos de terror hay temas más grandes: la drogadicción, la violencia, los problemas matrimoniales, la depresión, el machismo… Y eso es lo que más me gustó de estos cuentos, cómo la autora usa el terror como una herramienta para hablar de otros temas, para darles una voz potente. El que le da título al libro fue mi favorito.

Maggie Nelson, The Argonauts

Éste es un libro difícil de clasificar, mezcla de ensayo y autobiografía, que parte del momento en que Harry, la pareja de Nelson, empieza la transición hacia un cuerpo masculino: se inyecta testosterona y se quita los senos. Al mismo tiempo, ella se embaraza y se prepara para convertirse en madre. La autora es honesta hasta ser gráfica al hablar sobre sexualidad, el parto y la lactancia, y eso me gustó, como mujer y como mamá. Es fuerte, pero es real, y es raro toparse con palabras tan acertadas sobre estos temas.

Naomi Alderman, The Power

Naomi Alderman imaginó un mundo en el cual se voltean los roles de género. Las mujeres nacen con un nuevo órgano (skein en inglés) que se activa en la adolescencia y les permite realizar descargas eléctricas con las manos. Los hombres se convierten en el sexo débil, a merced de los deseos femeninos. Y como las mujeres llevan miles de años sufriendo abusos por parte de los hombres, muchas deciden hacerlos pagar. The Power es una novela difícil de soltar, envolvente y ágil.

Meena Kandasamy, When I Hit You: Or A Portrait of the Author as a Young Wife

Un libro desgarrador, brutal, que te toma y ya no te deja ir – y probablemente nunca te abandone del todo. Meena Kandasamy es una mujer india, superviviente de violencia doméstica. Esta novela se basa en sus experiencias durante aquel matrimonio terrible. Es real, pero es ficción; la autora eligió no escribir una autobiografía, sino un relato cuya protagonista no tiene nombre – podría ser cualquier mujer.

Sarah Winman, Tin Man

No sabía nada de la trama cuando comencé el libro y tampoco quiero contarles mucho. Basta con saber que Ellis, uno de los protagonistas, recién ha enviudado y se ha sumergido en una vida rutinaria y gris. En su soledad, reflexiona sobre el pasado: sobre su madre, Dora, quien murió cuando él era adolescente; sobre su mujer, Annie; sobre su relación con su padre y su madrastra; y sobre su amistad con Michael, quien lo acompañó en los momentos más importantes de su vida.

Jeannette Walls, The Glass Castle

La autora escribe sobre su infancia y juventud, muy poco convencionales. Rex, su padre, es un alcóholico que roba y estafa para mantener su adicción; Rose Mary, su mamá, es una pintora y escritora, que rara vez vende una obra y nunca ha publicado un cuento. Durante la infancia de Walls, viven como nómadas con ella y sus otros tres hermanos. Al principio, todo es una gran aventura: viven por un tiempo en un lugar y cuando se hartan o Rex se mete en problemas, se mudan. Me parece que el tema central aquí es el perdón: encontrar la manera de aceptar a nuestros padres tal y como son, aunque sus errores nos hayan hecho mucho daño.

Ariel Levy, The Rules Do Not Apply

Ariel Levy escribe en primera persona sobre la pérdida. Su pérdida. En un lapso corto, perdió a un bebé y se separó de su pareja. (No hay spoilers, desde las primeras páginas sabemos lo que va a suceder, aunque no cómo sucederá.) Es una lectura dura pero bellísima. Levy abarca muchos temas difíciles (la pérdida gestacional, para empezar, pero también la infidelidad, el alcoholismo, la codependencia) y es sincera hasta rompernos el corazón.

Olivia Laing, The Lonely City: Adventures in the Art of Being Alone

La premisa es esta: la soledad en una gran ciudad tiene un carácter particular. Uno está rodeado de gente (tantos vecinos, tantos transeúntes…) y aún así, puede sentirse solo. Laing nos lleva en un recorrido a través de su propia soledad. Se muda de Londres a Nueva York por un hombre y al llegar ahí, él decide que cambió de opinión: ya no quiere estar con ella. La autora se queda en la ciudad y ahí navega por su desamor y su soledad. En ese camino, se encuentra con las historias de artistas plásticos, fotógrafos, músicos y escritores que de alguna u otra manera, han vivido aislados. Una lectura fascinante; es la primera vez que leo algo de Laing, pero definitivamente no será la última.

Josefina Vicens, El libro vacío

Me lo dejaron de tarea en el diplomado y me encantó. El protagonista de esta novela, José García, intenta escribir un libro. Compra dos cuadernos: uno para hacer un borrador y otro para transcribir la historia cuando esté lista. Escribe y escribe, pero nada parece ser suficientemente bueno para pasarlo al segundo cuaderno. Me encantó acompañar a este personaje en sus frustraciones, que a veces rayan en lo cómico, e identificarme tanto con lo difícil que puede ser esta actividad.

Vivian Gornick, Apegos feroces

Gornick y su madre son mujeres muy distintas: la autora es una intelectual, que desde muy joven le dio más importancia a su trabajo que a su vida amorosa; su madre, en cambio, vive marcada por su condición de viuda (“Guardar luto por papá se convirtió en su ocupación, en su identidad, en su imagen ante el mundo.”). Sin embargo, y a pesar de los conflictos entre ellas, se mantienen unidas a lo largo de los años. En este libro, Gornick narra momentos clave en su relación, así como conversaciones y encuentros que se llevan a cabo durante sus paseos por las calles de Nueva York.

Nell Leyshon, Del color de la leche

Un libro muy duro, que me persiguió en sueños. Mary, la protagonista, es una chica de quince años que vive en una granja de Inglaterra en 1830. Su padre, un hombre de carácter muy duro, la manda a trabajar a casa del vicario. Ahí aprende a leer y a escribir, y gracias a eso, puede dejar constancia de su historia. No digo más, sólo que quizá no sea la mejor lectura para antes de dormir.

Brenda Navarro, Casas vacías

Otro libro brutal, incomodísimo, pero grande. La autora narra dos lados de una historia: primero, leemos sobre una mujer que pierde a su hijo en un parque, y la culpa y el dolor que la persiguen desde entonces; después, conocemos a la mujer que se llevó al niño. Navarro cuenta cosas que nadie quiere decir, verdades calladas, y lo hace con mucho valor y talento. (Esta novela la pueden descargar de manera gratuita aquí.)

Películas favoritas del 2018

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Llego tarde para enlistar a mis favoritos del 2018 (dos hijos pequeños, vacaciones, hagan la suma), pero igual tengo ganas de hacerlo, así que aquí voy.

Mis visitas al cine fueron muy escasas el año pasado y en la mayoría de ellas vi películas infantiles (Los increíbles 2Winnie Pooh, etc.). Sin embargo, hubo un par de escapadas maravillosas para ver algo de adultos. En ambas ocasiones, lloré como niña chiquita, con sollozos y toda la cosa. Sobra decir que estas dos películas llegaron a lo más hondo.

La primera, a la Cineteca con el ofta, donde vimos Lucky de John Carroll Lynch, una película sobre un nonagenario ateo (el Lucky del título) que después de una vida sin problemas de salud, debe enfrentarse al inicio de su declive. Es un filme de poca acción, donde seguimos al protagonista mientras lleva a cabo sus rutinas, pasea por el pueblo donde vive y conversa con sus escasos habitantes. Hay un momento en el cual Lucky habla sobre la muerte y… uf, ahí vinieron las lágrimas. Lo bonito es que estas conversaciones no las dejamos en el cine; el ofta y yo las continuamos el resto de la noche, porque dejan mucho en qué pensar.

La segunda, a solas en una sala comercial, vi Tully, dirigida por Jason Reitman y escrita por Diablo Cody, el mismo equipo de Juno. Charlize Theron interpreta a una madre de tres que contrata a una niñera para que le ayude por las noches. Creo que nunca había visto una película tan honesta sobre la maternidad, que retratara con tal claridad aquel cansancio que sentimos las madres de niños pequeños, ese cansancio que a veces nos orilla hacia la locura. Tully es una joyita. Si no la han visto, véanla. Si son mamás, se van a sentir reflejadas en más de una escena. Si son papás, van a entender mejor a sus parejas. Si no tienen hijos, igual es una gran película.

Pink Rabbits

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Hay canciones que logran golpearme con una sola frase, sencilla pero cargada de sentimiento. Me pasa mucho con The National: Matt Berninger abre la boca, suelta unas cuantas palabras y se me pone la piel chinita, el corazón se me hace agua y se desborda. Admiro su capacidad para contar tanto sobre las relaciones, la cotidianidad, los sentimientos, la pérdida, el miedo… en un espacio tan breve. (En “Afraid of Everyone”, por ejemplo: “With my kid on my shoulders I try/ not to hurt anybody I like.” Sí, así se siente.)

Este año he escuchado mucho a The National mientras escribo. Me lleno de sensaciones que después necesitan salir transformadas en otra cosa, en una historia, en palabras que son mías, aunque no del todo.

Los vi en vivo hace unos meses. El ofta me acompañó, aunque no le gustan tanto. “¿Por qué te gusta la música triste?”. No sé. La vida siempre tiene un poco de tristeza.

Pero volvamos a las frases. A ésta, en particular: “I’m so surprised you want to dance with me now/ I was just getting used to living life without you around.” Bum.

 

Mi 2017 en libros

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2017 fue un año muy ajetreado para mí, sumergida en la maternidad. Pero hice un esfuerzo por no dejar a un lado la lectura, porque esos ratos que le dedico me serenan y fortalecen. Son momentos para reflexionar, dejar que la mente viaje y salga de la burbuja de la cotidianidad. Hice un recuento de mis favoritos para revisitarlos e iniciar el 2018 con ganas de seguir expandiendo la mente. Estas nueve lecturas (novelas, cuentos y no ficción) me marcaron, ya sea por la contundencia del tema, por lo humano de sus personajes, por la belleza del estilo o por todas las anteriores.

(Notas: No necesariamente fueron publicadas en el 2017, sólo leídas por mí durante ese año. Están acomodadas en el orden en el cual las fui leyendo, no conforme a cuál me gustó más o menos.)

9781608465767-f_medium-2f1e8dbafb4b3334d0db297eed405179Rebecca Solnit, Hope in the Dark. Un libro que llegó a mi vida en el momento preciso, cuando la desesperanza se colaba con facilidad en mi día a día. ¿Cómo encontrar esperanza en un mundo que con frecuencia luce tan oscuro, tan difícil, tan roto? Solnit plantea que sí es posible e incluso es una herramienta importante en el activismo. Si no creemos que la situación puede mejorar, no encontraremos el sentido para actuar. “Authentic hope requires clarity – seeing the troubles in this world – and imagination, seeing what might lie beyond these situations that are perhaps not inevitable and immutable”. Éste es el libro con el cual me enamoré de la escritura de Solnit y no hubo vuelta atrás; quiero leerlo todo.

ninosperdidosValeria Luiselli, Los niños perdidos. Un ensayo que se despliega a través de las 40 preguntas que conforman el cuestionario aplicado por la Corte Federal de Inmigración de Nueva York a los niños migrantes para decidir si serán deportados o no. Una lectura muy dura, que cobra fuerza en la mente y el corazón gracias a la prosa hábil de Luiselli. Me abrió los ojos a muchos factores de la crisis migratoria de Estados Unidos, sobre todo al hecho de que no podemos echarle toda la culpa del problema a este país, que no es posible negar nuestra propia responsabilidad como mexicanos.  Aún no me lo saco de la cabeza.

9781847088741Jenny Offill, Dept of Speculation. Creo que ésta fue mi novela favorita del año. La historia no tiene nada de extraordinario: el retrato de un matrimonio que se desmorona, de una madre que está constantemente al borde. Pero qué retrato tan preciso, tan divertido, tan honesto. Offill puede ser brutalmente honesta, graciosa y conmovedora en su sólo párrafo. Es un libro breve, que parece haber sido exprimido hasta dejar sólo la pulpa. Omite lo más obvio y al hacerlo, quedan observaciones puntuales, como anotaciones cortas pero elocuentes sobre la vida de la protagonista, que se refiere a sí misma simplemente como “the wife”. Acá una de mis frases favoritas: “At night, they lie in bed holding hands. It is possible if she is stealthy enough that the wife can do this while secretly giving the husband the finger.”

entre-el-mundo-y-yo-ta-nehisi-coatesTa-Nehisi Coates, Entre el mundo y yo. La carta del autor a su hijo, donde desmenuza todas sus preocupaciones sobre las dificultades que se le presentarán al crecer como un niño negro en Estados Unidos. La precisión con la cual narra los hechos y desglosa las cifras, aunada a la sinceridad con la que cuenta anécdotas sobre su vida y la paternidad, resulta en una lectura que removió muchos sentimientos en mí. “Lo que quiero para ti es que seas un ciudadano consciente de que este mundo es terrible y hermoso”, escribe Coates. Cómo no sentir que se estruja el corazón.

826351Joan Didion, The Year of Magical Thinking. Me gustan los libros que hablan sobre pérdidas conyugales (Di su nombre de Francisco Goldman o Niveles de vida de Julian Barnes, por ejemplo), porque me obligan a repensar muchas cosas, a reflexionar sobre las relaciones, a saborear esto que en un instante se convertirá en recuerdo. Didion narra aquí uno de los años más duros de su vida: cuando su marido murió repentinamente y su hija tuvo una severa crisis de salud. Un libro triste, azulado, donde Didion desmenuza trozos de su historia para volver a encontrar el sentido de su vida. “I could not count the times during the average day when something would come up that I needed to tell him. This impulse did not end with his death. What ended was the possibility of response.”

Commonwealth-anne-patchettAnn Patchett, Commonwealth. Todo comienza con un bautizo que se convierte en una borrachera comunal. Después de esa tarde (y un beso robado), un matrimonio termina y comienza otro; dos familias se mezclan y los hijos deben aprender a lidiar con ello.  No quiero contar mucho más sobre la trama porque la disfruté un montón, pero puedo decir que es una novela donde nadie es perfecto, donde todos cargan con errores y con la culpa que éstos generan. Se equivocan en grande y hay un evento trágico a causa de ello, dejando a los personajes lidiando con el “hubiera”. Espero leer algo más de Patchett en el 2018, porque no quería que este libro se acabara.

a-manual-for-cleaning-women-by-lucia-berlinLucia Berlin, A Manual for Cleaning Women. Berlin me hizo reír, llorar, enojar. Con qué apertura escribió estas historias, desvelando sin pudor tanto de su vida. Los temas son duros: adicciones, enfermedad, relaciones tóxicas, muerte. Pero Berlin narra con sentido del humor y sus cuentos son profundamente humanos; uno no puede dejar de leer porque se encuentra a sí mismo entre las páginas. Aquí un fragmento que sigue rebotando en mi cabeza: “How could she talk to Sally about her alcoholism? It was not like talking about death, or losing a husband, losing a breast. People said it was a disease, but nobody made her pick up the drink. I’ve got a fatal disease. I am terrified, Dolores wanted to say, but she didn’t.”

30244626._UY400_SS400_Paul Auster, 4321. Lo tuve frente a mí por primera vez y me pareció imponente: una novela de casi 900 páginas, donde se desarrollan cuatro versiones del mismo personaje. Pero desde el momento que lo abrí, ya no quise soltarlo hasta llegar al final. Auster despliega cuatro historias de crecimiento para Archie Ferguson, a quien llegué a querer en cada versión, con su pasión por la lectura, la escritura y el cine, con sus enamoramientos y amistades. Auster muestra un lado mucho más tierno al mirar hacia la infancia y la adolescencia, y me cayó mejor que nunca.

The_vegetarian_-_han_kangHan Kang, The Vegetarian. A partir de una pesadilla, Yeonh-hye decide dejar de comer carne. Esta decisión no es bien recibida por su esposo ni por su familia, quienes no hacen un esfuerzo por escucharla o comprenderla: se antepone su necesidad de control, de regresar a la “normalidad”. Una historia que se puede interpretar como una crítica a la violencia de género, al acoso sexual, al abuso y degradación de la naturaleza… Cualquiera que sea la interpretación del lector, la sensación que deja es escalofriante, pero el lenguaje preciso y elegante de la autora incita a seguir leyendo. Una novela que quieres compartir con alguien inmediatamente después de terminar para poder discutirla con otra persona.

A contracorriente

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Abrir los ojos cuando el instinto es cerrarlos.

Detenerse a observar cuando la sociedad nos incita a correr.

Ser consciente cuando el mundo está plagado de inconsciencia.

Aceptar el dolor cuando hay tanta anestesia disponible.

Escribir cuando nadie tiene tiempo para leer.

Nadie dijo que esto sería fácil.

Cuando la gente buena se va

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Ayer murió mi amigo Jay. Luchó mucho tiempo, años, contra el cáncer. Luchó con todas sus fuerzas y con todo el optimismo que lo caracterizaba. Porque nunca he conocido a alguien con mejor actitud – y ésta no es una de aquellas hipérboles que utilizamos después de que alguien muere, cuando idealizamos todas sus cualidades porque ya no está. No. De verdad tenía una actitud impresionante, una luz interna que brillaba con fuerza, aún cuando su cuerpo estaba tan débil.

Antier supe que ya estaba muy mal. Agonizando, es el término exacto. Pero “agonizar” es una palabra que siempre relacioné con ancianos, con gente de ochenta, noventa, cien años, que ya había tenido una vida completa. Hace un par de semanas, mi tía abuela agonizaba, y aunque fue doloroso imaginarla respirando cada vez más despacio, con mi papá, mi tía y mi abuela tomándole las manos, tenía sentido: era una anciana de noventa y tantos, tuvo una vida larga, cerró su ciclo en este mundo. Pero Jay tenía mi edad.

Parte de mí está tranquila porque ya descansa, no siente dolor, es libre de las ataduras de la enfermedad. Pero duele. Duele porque era mi amigo, pero sobre todo, porque era pura buena onda. Fue un hombre generoso con su tiempo, su dinero, pero sobre todo con su cariño, el cual entregaba sin pensarlo dos veces. Y cuánta buena onda y generosidad le hacen falta al mundo, cuánto necesitamos gente como él.

Cuando hablaba de esto con mi marido hoy en la mañana, se quedó pensando un momento y luego me dijo que cuando muere gente buena, nos corresponde tomar la estafeta. Asumir esa actitud positiva, esa generosidad, esa buena onda. Disfrutar, agradecer, saborear, valorar el tiempo. Abrazar a nuestra gente, no escatimar con nuestro afecto. Ser amables con la familia, los amigos e incluso con los extraños. Realizar los proyectos que tenemos en mente, entregar el corazón a aquello que nos apasiona. Carpe diem. Su camino de bondad no puede quedar truncado, nosotros debemos continuar su construcción.

Hace unos años, fui con Jay al cine, a ver 500 Days of Summer. Le encantó la secuencia donde Joseph Gordon-Levitt baila al ritmo de “You Make My Dreams” de Hall & Oates, ligero y feliz, con todos a su alrededor vestidos de azul y uniéndose a sus pasos. Esa canción lo ponía de súper buen humor. Y así me lo quiero imaginar ahorita: bailando con una sonrisa enorme, ligero y feliz.

Jay, por si acaso puedes leer esto, dondequiera que estés ahora: Te quiero mucho, amigo. Buen viaje y hasta pronto.