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Archivo del Autor: Caro

Una canción de invierno en primavera

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En octubre del año pasado, Valentina ya estaba presente, pero todavía no lo sabíamos. Al menos, no a nivel consciente. Sin embargo, yo presentía que algo había cambiado. Yo estaba más sensible, más enamorada, con una perspectiva distinta. Y en el viaje de regreso de una boda en Cuernavaca, un amigo del ofta nos puso una canción, con la advertencia de que nos haría llorar. Las lágrimas no se hicieron esperar.

¿Por qué me hizo llorar? Creo que fue por la simplicidad de su letra. Una mañana para quedarse en casa. Consentirse. Estar enamorado. El calorcito que brinda la compañía ideal.

No es enero, pero se las presto…

Facto Delafé, “Enero en la playa”:

La paradoja de lo pequeño

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Es curioso. Vives imaginándote los “grandes momentos” de la vida. O, al menos, yo solía hacerlo.

Imaginé mi boda miles de veces. De pronto, llegó el día y todo me pareció surreal. Y se acabó antes de que pudiera terminar de saborearlo.

Lo mismo sucedió con el día en que nació mi hija. Inventé y reinventé ese momento mil veces antes de que llegara. Y cuando finalmente llegó, terminó tan rápido que no pude procesarlo en mi mente. 

No me malentiendan; no es que no haya disfrutado estos eventos. Ambos fueron muy lindos. Pero han confirmado lo que siempre pensé: los momentos aparentemente pequeños suelen ser más grandes. Son los que dejan una marca indeleble en mí.

Una playa desierta en mi luna de miel. Los apapachos del ofta durante mi embarazo. La paz que sentimos en la casa cuando regresamos del hospital con nuestra bebé y nos quedamos solos los tres. La pequeña Valentina acostada entre el ofta y yo. Él bañándola, platicando y jugando con ella; un papá natural y maravilloso. Valentina quedándose dormida mientras escuchamos los Beatles.

Estas son Polaroids de mi vida. Imágenes que quedan de papel tapiz en las paredes de mi memoria. Tan pequeñas como enormes.

La recta final

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Ahora sí, estamos a días de la llegada del pasajero. Semanas, como mucho.

Se siente muy raro saber que se aproxima un verdadero punto de inflexión en tu vida, pero no saber con certeza cuándo llegará. Pasar cada día pensando que podría ser el último en tu vida como la has conocido hasta ahora.

¡Cuánto nervio, cuánta emoción, cuánta anticipación…! 

Árbol genealógico

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Hace un par de semanas, dejé la oficina temporalmente, en la espera de que llegue el pasajero. Se supone que éste debería ser un período de descanso, pero en realidad, han sido días intensos. Estoy preparando todo para el bebé y además, tengo varios proyectos entre manos – quiero aprovechar las semanas antes de que nazca este chamaco y me quede sin tiempo para todo lo que no sea él/ella.

Dos de estos proyectos son videos para mis abuelas. Este año, una cumple 80 y la otra, 90. No es que yo sea una experta en la realización de videos. Pero me fascina sumergirme en la historia familiar.

Me atraen los álbumes de fotos polvorientos, repletos de momentos pasados, de personas que a pesar de los años siguen siendo iguales y de otras que ya no están con nosotros. Me encanta conocer a mis abuelos a través de estas fotos y las palabras de mis papás y mis tíos. Puede parecer irrelevante que mis abuelos maternos tomaran agua de limón con tequila en su luna de miel, pero estos son detalles que a mí me traen una sonrisota a los labios.

Me encanta recorrer el árbol genealógico y repasar mis orígenes. Se me ocurren pocas actividades tan apropiadas precisamente ahora, que está por crecer una nueva rama en ese árbol. Qué increíble hacer un recorrido en reversa justo antes de dar un paso hacia delante. Porque estoy convencida de que la historia familiar nos marca. Y lo más interesante de todo es hacernos conscientes de esas huellas.

De sueños y alas

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“Hay que vivir desde el espíritu, ¿comprendido, joven? ¡Hay que vivir desde el conocimiento! Pero eso no es tan sencillo. Sobre todo en la vida cotidiana.”

“Camina y camina, un paso tras otro, a ciegas, como ha caminado toda su vida. Como caminan todos toda su vida, sin conocer el momento siguiente, sin saber si con el próximo paso pisarán aún suelo firme o caerán en la nada. Este mundo es tan precario que cada paso es una decisión.”

Michael Ende es (en presente, porque sus creaciones lo mantienen vivo y vigente) un tipo increíble. Desde pequeña me hizo volar con Fújur o Fálkor, el dragón de la suerte en su Historia interminable, y huir de los hombres grises con Momo. Y ahora que lo retomé con El espejo en el espejo, me impulsó a construir alas, pensar en lo que significa ser un verdadero héroe y sobre todo, soñar. Es un libro etéreo y laberíntico, de una tristeza hermosa, que indaga en los sueños que se desarrollan dentro de los sueños y la desesperanza de los que viven atrapados en ellos, viviendo la misma historia una y otra vez.

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